Vacunación COVID-19 en Honduras, sin avances que salven vidas.

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Por: Mabel Martínez Arriaga

Un día más, millones de hondureñas y hondureños, estamos sin la protección de una vacuna contra el COVID -19. Lo más grave es que no se ve una opción ni a corto o mediano plazo para enfrentar un virus que nos sorprende con nuevas cepas en un sistema sanitario y de seguridad saqueado impunemente.

Desde que se detectó el primer caso de COVID en este país, el manejo de la crisis que la pandemia ha provocado, ha estado marcado por actos de corrupción, negligencia y desprecios por el derecho a la salud y a la vida. En lo que se refiere a la gestión de vacunas, ya sea a través de compras o donaciones, el panorama se vislumbra tan o más desesperanzador.

Hasta el 15 de mayo, según fuentes oficiales, se han aplicado 108,538 dosis, con una vacunación completa para 5,687 habitantes que representa apenas 0.1% (1 por cada mil habitantes) de la población. Las vacunas aplicadas hasta la fecha son parte de las donaciones del mecanismo COVAX (AstraZeneca) y del Gobierno de Israel (Moderna) y solamente 6.000 dosis de la vacuna Sputnik V, adquiridas como parte del contrato de adquisición establecido con Rusia. El día de hoy 19 de mayo, se ha reanudado la vacunación para personal de salud y se ha comenzado la vacunación a personas mayores de 75 años en 9 regiones priorizadas, cabe mencionar que las dosis disponibles son limitadas.

Turismo de vacunas.

En los últimos meses ha sido evidente, como empresarios, políticos y algunos hondureños que cuentan con una visa, acuden al “turismo de vacunas”. Según el empresario y analista político Raúl Peña, unos 70 mil hondureños han viajado para ser inoculados hacia Estados Unidos[1].  El Salvador ha sido otro de los destinos de los hondureños para ser vacunados, se calcula que alrededor de 17,824 hondureños han viajado desde enero hasta la fecha al vecino país con este fin, según informaron las autoridades de Instituto Nacional de Migración.[2] Mientras en la Honduras de “acá”, ante la falta de respuesta del régimen, diferentes gremios y colegios profesionales, buscan desesperadamente opciones para acceder a las vacunas, sin éxito hasta ahora.

En el mes de abril, el ministro de Finanzas, Marco Midence, celebró en las redes sociales la firma de un convenio con el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) que permite a esta organización hacer negociaciones con las casas farmacéuticas, haciendo uso de la plataforma gubernamental, para comprar e importar las vacunas, este convenio, según comunicado del COHEP, es esfuerzo es adicional a lo que ya se está haciendo por parte del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), con la compra de 1.4 millones de vacunas para sus asegurados. Sin embargo, esta opción que aún no se concreta, no representa de ninguna manera una medida sostenible, ya que, en Honduras, cerca de la totalidad de la población ocupada (81.4%) perteneces al sector informal de la economía y no cuentan con seguridad social. [3]

Algunas personas son conscientes de que es clave exigir una respuesta del Estado que se enmarque en los derechos humanos, ese es el caso de  Marina[4], quien trabaja en una organización no gubernamental, en las cuales, el COHEP ha puesto a disposición la posibilidad de adquirir vacunas para sus empleados y un familiar, sin embargo, y pese a tener una enfermedad renal crónica, ella ha rechazado el ofrecimiento ya que, aunque se comprenda  los esfuerzos individuales y colectivos, considera que una vacunación “focalizada” solo contribuye a que el Estado siga  evadiendo su obligación de garantizar el acceso universal y gratuito a la salud, “aceptarlo sería ir en contra de todo por lo que he luchado siempre”, me dice.

Alcaldes desesperados, solicitan donaciones

Por su parte, alcaldes de 7 municipios del país, ante el creciente número de casos y muertes a causa del COVID-19 en sus comunidades, hicieron una solicitud de donación de vacunas al gobierno de la República de El Salvador, quien respondió donando 34,000 dosis de vacunas de AstraZeneca para inocular a 17,000 personas, las cuales llegaron a territorio hondureño el 13 de mayo, y el  17 de mayo se inició el proceso de vacunación, sin embargo, en uno de los municipios beneficiados, la vacunación se retrasó dos días por falta de jeringas. El alcalde del municipio de Choluteca, al sur del país, también han solicitado donación de 200 mil vacunas Estados Unidos, pero aún no ha tenido respuesta.[5]

En cuanto a adquisición de vacunas, en un contexto donde ha imperado la corrupción y la falta de transparencia, organizaciones de sociedad civil han cuestionado las reformas a la Ley de Vacuna Gratuita para Todos Contra el Covid-19. “Los cambios introducidos en la ley son como un cheque en blanco para comprar vacunas” dijo a una emisora capitalina el presidente de la Asociación de Médicos del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) en San Pedro Sula, Carlos Umaña “ya que cualquier persona natural o jurídica podrá traer las dosis al país con una simple autorización de la Agencia Reguladora Sanitaria (ARSA).”[6]

Mientras escribo, el presidente Juan Orlando Hernández anuncia la supuesta compra de 4.4 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 Pfizer, sin embargo, el gerente general para Centroamérica y el Caribe de Pfizer, Bradley Silcox, aclaró que lo que hay es una “intención de compra” no un contrato. La inexistente credibilidad en el gobierno agudiza la desesperación, mientras se incrementan el número de casos graves y de muertes por el virus.

El papel de la OPS y la comunidad internacional

Hasta ahora, la Organización Panamericano de Salud (OPS), a través de su representante Piedad Huerta, ha jugado un papel meramente de acompañamiento técnico y podríamos decir “protocolario”. Al inicio de la pandemia, en la que figuraba al lado de autoridades de la Secretaria de Salud en las cadenas nacionales; generó alguna expectativa en la población; al menos de “veeduría internacional” pero su rol no sido relevante y no ha evidenciado su compromiso de lograr que cada persona tenga acceso a la atención de salud a que tiene derecho. En conclusión, en medio de la gravedad de la crisis en este país, su vos no se ha hecho notar.

En este contexto, además de los retos regionales, nuestros retos locales continúan fortalecer la institucionalidad pública para que esto permita elevar a política social el proceso de vacunación. En el caso de Honduras, esto no será posible sin que las voces a nivel local sean escuchadas y tomadas en cuenta por la comunidad internacional, que muy pocas veces pone sus miradas en países que como el nuestro no tienen relevancia en sus agendas geopolíticas.

[1] https://www.latribuna.hn/2021/05/06/unos-70-mil-hondurenos-viajaron-a-eeuu-a-vacunarse-contra-la-covid-asegura-empresario/

[2] El Pulso

[3] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—sro-san_jose/documents/publication/wcms_755523.pdf

[4] Nombre ficticio para proteger identidad.

[5] http://www.web.ellibertador.hn/index.php/noticias/nacionales/2922-honduras-alcalde-de-choluteca-prueba-amistad-de-eeuu-y-pide-vacuna

[6] https://criterio.hn/incertidumbre-y-preocupacion-por-compra-de-vacunas-que-hara-el-gobierno-de-honduras/

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