Brote expone una debilidad global peligrosa

Foto: OMS

Por Javier Llamoza

El reciente brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius evidencia una situación alarmante para la salud pública internacional. Este evento ocurre en un momento crítico, marcado por la incapacidad de los Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para alcanzar acuerdos fundamentales que fortalezcan la preparación frente a las próximas pandemias.

Mientras una nueva amenaza sanitaria activa alertas internacionales, las negociaciones en Ginebra concluyeron sin consenso sobre el mecanismo de Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios (PABS por sus siglas en inglés), elemento central del tratado global de pandemias aprobado en 2025. Este fracaso no es un hecho menor: refleja una profunda debilidad en la gobernanza global de la salud y una falta de voluntad política para corregir las inequidades estructurales que se presentaron durante la pandemia de COVID‑19.

El PABS debía garantizar reglas claras y vinculantes para el intercambio de muestras biológicas y secuencias de virus con potencial pandémico, asegurando a cambio un acceso justo, oportuno y equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos. La ausencia de un acuerdo operativo deja al sistema internacional sin una de sus principales herramientas para responder de manera eficaz y solidaria a futuras emergencias sanitarias.

Las consecuencias de este bloqueo son graves y previsibles, especialmente para los países de ingresos bajos y medios:

  • Se perpetúa el riesgo de acaparamiento y distribución desigual de tecnologías sanitarias.
  • Se debilita la confianza entre Estados para compartir información crítica de forma temprana y transparente.
  • Se retrasa una respuesta sanitaria global rápida, coordinada y equitativa ante nuevas amenazas pandémicas.

El fracaso en acordar el PABS no constituye únicamente un revés diplomático; representa una desventaja estratégica grave que compromete la seguridad sanitaria global. Persistir en esta situación significa aceptar un escenario en el que las futuras pandemias volverán a profundizar las desigualdades y a vulnerar el derecho a la salud de millones de personas.

Resulta urgente retomar las negociaciones con una clara perspectiva de equidad, solidaridad y derechos humanos. La salud es un bien público global que exige decisiones políticas firmes y responsables. La preparación frente a la próxima pandemia no puede esperar.

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